Postales desde Tuxpan

Al otro día, seguía rabioso, el taxi tenía una inscripción con caligrafía chola: “Señor del veneno”, quiero una dosis por favor. Miras al mesero, le llamas “la loca del pueblo”, su felicidad me recuerda lo mucho que odio la apariencia, podría pedirle hacerle el amor solo para calmar el odio. ¿A quién odio? Me digo a mí mismo que no puedo odiarte, pero un agujero en mi cuerpo quiere decir lo contrario, no quiero que crezca, quiero atesorar tu calidez por encima de todo, y me cuidas aunque quiera herirme, no sé por qué te tomas la paciencia con un muchacho terrible.
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El °8 Pasajero. Chacal ac-tivo.

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A la altura de la estación Tepito, un hermoso joven estaba en el rincón más olvidado del espacio humano mirando al vacío y moneando con la tristeza de quién canta para olvidar el dolor. Dentro del último vagón se puede apreciar a las personas bebiendo o drogándose como un mal hábito, pero hoy, la mona llegó del cielo, abasteciendo el embrutecimiento del cautivador chacal.

Sus pequeños ojos me miraban, no sabían que decir, por un lado creí que me asaltaría con esa rudeza que distinguen su fama, pero por el otro entendía la profundidad de esa mirada ante su situación, y más en ese rincón enroscado como animal herido por una flecha de desamor, esperando convertirse uno con su creador. Gastón Bachelard dice que el rincón es un refugio que nos asegura un primer valor del ser: la inmovilidad. Si se recuerdan las horas del rincón, se recuerda el silencio, un silencio de los pensamientos donde todos hemos habitado desde distintas épocas con distintas formas, pero siendo uno mismo en la depresión.

Antes de llegar a Buenavista, le hago una seña con mis ojos (ya domino mi habilidad de seducción visual), me sigue, parece nervioso, sigue activando con un pequeño pedazo de papel Suavel que se entremezcla su aroma a lavanda con solvente de pintura. Lo primero que le pregunto “¿te encuentras bien?” dice que no, pero su mundo corporal responde lo contrarío. Parece alejarse cuando ve a dos policías, teme ser detenido por llevar activo.

Sigo mi camino hasta los torniquetes, se acerca, me mira llenó de nostalgia, quiero arrancarle lo narcótico ante los cientos y cientos de transeúntes que pasan, se me antoja comenzar a monear pero recupero la realidad. Le pido que tire la mona, lo hace, parece más sereno. Me dice “Creo que yo soy el del problema”. También los culpables se autodestruyen al mismo nivel que los lastimados, me pide escribir su historia de vida.

Le entrego un pequeño pedazo de papel con mí número celular, temo que lo use para seguir moneando, me despido, debo ir a la biblioteca y dejar al chacal enfrentarse a su propia soledad. Alrededor del día veo a muchas personas moneando, en la Alameda, en los pasajes del Centro Histórico, la droga de 10 pesos traída del cielo, bendecida por los santos… Jesús (el chacal) Salvador Paz (con los más llenos apellidos) regresa a su casa, se toma un baño caliente y decide escribirme como le sugerí.

Me quedé dormido, entre sueños sentí sus besos sabor activo, su ropita blanca caer al suelo y su virilidad al tope me hechizaron como San Judas a sus devotos. Mis ojos notaron un pene erecto, sentí lo que muchos sienten al ser poseídos entre los brazos de un chacal, ese erotismo natural y puro que los homosexuales experimentamos. Espero que Jesús, mí chacal, pueda reconciliarse con su pareja.

¿Por qué los gays menosprecian el sexo?

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Imagen recuperada de (https://www.google.com.mx/search?q=desprecio+gay&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwielKSc-LrNAhVMRSYKHYimBiEQ_AUICCgB#tbm=isch&q=hombres+llorando&imgrc=G3kWN63Fe1va0M%3A

Hoy más que nunca somos frágiles, hoy más que nunca nuestras emociones parecen inestables, Hoy existen muchos gays que se hieren unos a otros. Hoy un sujeto del pasado me dijo “Solo cogí contigo por compromiso, yo no tengo sexo a la primera”. Pero lo tuvo, él decidió por su propia cuenta acceder desde hace años a tener relaciones sexuales y después reclamar, de herir, de hacerme sentir que mi cuerpo no vale por pedir sexo, porque al pedirlo no tengo espíritu, no tengo memoria, inteligencia, emociones verdaderas e identidad, porque presionó la frágil estabilidad de los hombres, porque les hago ver su suerte; como sí llegara y les digiera “vales porque puedes brindar sexo, no me interesa lo que eres”.

Muchos chicos, demasiados chicos han satanizado el sexo y la sexualidad, la han bajado de lugar, la han puesto en segundo, tercer, cuarto, quinto, último lugar por reconocerla como mala, incapaz, innecesaria, intolerable y exclusivamente diseñada para quienes no buscan algo serio en su vida (porque parece que no buscar una relación seria es producto de inmadurez).

¿Y quiénes son esos gays incapaces de amar que buscan sexo. Los guapos, los que pueden acceder a más insinuaciones, los que tienen las características adecuadas para la subcultura gay, los que pueden pagar por ello, los que se mueven en los espacios clandestinos, los rabiosos de Sida?

Porque no es justo que muchos gays hagan ver el sexo de una forma repugnante sólo porque a ellos les fue mal. Si las tecnologías del sexo, la subcultura gay (marchas LGBT, antros, gimnasios, redes sociales, espacios de interacción: plazas, glorietas, calles., cualquier lugar de homosociabilidad), los prejuicios y situaciones actuales son una mierda no es nuestra culpa, o tal vez sí lo es porque nosotros lo hemos permitido.

Menospreciamos el sexo porque nos hace ver de lo que somos capaces para obtenerlo, para llenar un vacío, para decirnos a nosotros mismos que existe algo más en esta vida que follar, que dar duro y hasta el fondo. Ya sabemos que México es una sociedad del dolor (que le gusta el dolor), no por ende la exigencia de penes grandes, del enorme sadismo, del “aguantarse” y un chingo. Las primeras relaciones sexuales de muchos se han convertido en violaciones con lubricante y condón, traumas de coito,  miedo y rechazo, odio y desprecio porque quienes tienen sexo y lo disfrutan son unos ninfómanos sociales, sobreexplotan el cuerpo, agotan su semen antes de llegar a los 30 y exterminan sus cuerpos para contabilizar los orgasmos.

Mientras los que tienen acceso pueden presumir, enviciarse o llegar a aburrirse y quejarse, existen muchos que luchan años para poder alcanzarlo, deben denigrarse, pedirlo cuantas veces sea necesario para alcanzarlo, ser la burla de los prostitutos o Scores que se la pasan bebiendo en los antros y derrochando todo ese dinero que un chico con mucho esmero logró juntar.

Le tenemos miedo al sexo porque si no paramos podemos cometer errores fatales, sí no existieran limitantes como las ITS (infecciones de transmisión sexual) sobre todo la del VIH Sida nuestras prácticas aumentarían, se harían más salvajes y menos controladas, entraríamos a una clase atragantamiento sexual.

¿Pero los que buscan una relación seria no buscan sexo? Tal vez algunos no nacieron para ser sujetos sexuales, otros sí, hace meses sufría y no podía explicar este problema, hoy en día gracias a mucha, pero mucha investigación descubrí que el proceso sexual es individual, es único en cada cuerpo.

Yo escapé de una relación de un sujeto asexual, no podía permitirme vivir una vida sin esa pasión erótica que representa el contacto, las caricias, los besos, la necesidad de un orgasmo ya sea masturbando, ser penetrado o penetrando, en mi proceso personal creo en la pasión erótica.

He vivido malas experiencias que me han hecho despreciar el sexo, pero más que despreciarlo me han hecho despreciar a los hombres, me han decir verlo como algo asqueroso. El primero de ellos se llamaba Hugo. Este sufrió una cantidad masiva de rupturas, lo utilizaban. Lo conocí en una marcha gay de las no exhibicionistas, nos propusimos tener relaciones, pero al momento de hacerlo, Hugo se pasaba preguntándome por la foto que le tome a un chico “guapo”, tan enfermizo fue que se la paso pensando en el chico e invocándolo mientras tuvimos sexo, en ese momento sentí un golpe de realidad muy duro.

El segundo caso fue éste chico, Enrique me insistía en conocerme, yo lo evadía, no deseaba verlo. Le dije que quería tener sexo (pensé que de esa forma se alejaría, pero no fue así). Tuvimos sexo, pero descubrí que era precoz. Él me decía que su precocidad funciona de acuerdo al número de veces que conocía a una persona (mientras más veces la conocía, más duraba en el coito), yo fui la primera vez que se vino en tiempo récord y hoy en día me dijo que fue por mero compromiso, ¿compromiso a qué? Cabe mencionar que este chico tiene pareja.

Es libre el derecho de vivir una vida amorosa, una vida sexual. Cada uno decide cómo vivirla, es culero (porque lo es) que te hagan valer menos por tu identidad y más tu sexualidad, es muy injusto que tu apariencia física o tu cuerpo sea etiquetado y humillado porque no se antoja ser cogido o no es muy varonil, pero los que piden también carecen de cualidades, y todos carecemos de muchas cosas, incluso belleza, inteligencia, capacidad para amar verdaderamente como seres humanos.

No somos perfectos, pero ya basta de poner el sexo en segundo plano, tampoco debe ser el primero, pero el sexo es igual que el amor y la amistad, es una pasión que está dentro de nosotros, sentimos porque nos duele.

¿Qué sentido tiene vivir una vida llena de éstos derechos e igualdades si no te puedo sentir con ese calorcito que necesita mi piel?