Postales desde Tuxpan

Al otro día, seguía rabioso, el taxi tenía una inscripción con caligrafía chola: “Señor del veneno”, quiero una dosis por favor. Miras al mesero, le llamas “la loca del pueblo”, su felicidad me recuerda lo mucho que odio la apariencia, podría pedirle hacerle el amor solo para calmar el odio. ¿A quién odio? Me digo a mí mismo que no puedo odiarte, pero un agujero en mi cuerpo quiere decir lo contrario, no quiero que crezca, quiero atesorar tu calidez por encima de todo, y me cuidas aunque quiera herirme, no sé por qué te tomas la paciencia con un muchacho terrible.
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