Tepito, Paraíso de la falluca y el recuerdo de una época dorada

Hace unos días encontré una nota sobre el comercio del Barrio, hecha el 07 de enero de 1985 con motivo de una tradición popular conocida como “La llegada de los Reyes Magos”. En esta nota, hablan de un Tepito libre, centro importante del comercio en electrónicos (cada época se acostumbra a vender lo que está de moda), cosas prohibidas e inexistentes. El boom de aparatos estaba conformado en electrodomésticos, estéreos y video caseteras con películas de todo tipo de gusto y género, no es para menos, la última novela que leí sobre el tráfico de electrónicos fue Las Púberes Canéforas de José Joaquín Blanco quien hace referencia a este tema. Sigue leyendo

Semifinal: 4 estaciones, 4 historias

Kanvas parece que siempre ha luchado por una causa correcta, las causas buenas parecen siempre estar teñidas de un pasado lleno de rencores y lágrimas o eso se expresa en sus ojos, desde la primera foto que le envié fotos, sentí una extraña sensación de dispersión, pero se iría borrando poco a poco y con la necesidad de tomar una decisión difícil, dejar la tesis (y no sólo una tesis, sino su lucha en la academia por ser uno de los mejores alumnos) para poder tomar aun más enserio la competencia y también dejarnos uno de los mejores discursos hechos por una drag, palabras tan bellas y poderosas que también estuvieron en su color, el otoño… Ganó el episodio y su pase a la final.
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BONUS: entre perras y violencia

Un capítulo extra frente a los acontecimientos nocturnos, la Carrera Drag de la CMDX cambió su locación a un ex espacio donde las elites políticas en su momento convivían entre teiboleras, sexo de a guaguis y flow bisnes. Éste lugar cambio a PERRA/PUERCA, un pequeño mundo donde la clase media baja y media media aspira a vivir un estilo digno de todo un Nice Boy que sabe beber, bailar y coger, y vaya que sí deben aprender a hacerlo si es que quieren subsistir mientras que la “sociedad gay” disfrutaba del espectáculo cabaretero de Niurka. Sigue leyendo

El 8° Pasajero. Destino destino.

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A sus 26 años ha cogido con una cantidad inmensa de hombres, podría presumirse que al menos, por semana, entabla entre una y tres relaciones sexuales con distintas personas que a su vez los obliga a más de un acto coital. Camilo se define de la siguiente manera “soy un buscador de sexo, me gusta conocer vergas: grandes y chicas, de colores y tamaños, quiero que me metas tu verga que está bien grandota y de color carnita, así, bien linda, como la de un niño vergudo”. Por primera vez una persona describe de forma peculiar mi pene. Le tomo una foto, su rostro y cuerpo parecen de treinta y tantos años. Es extraño, pero esa necesidad de tener sexo, es el resultado de su cutis, de su piel y su cuerpo que parecen ligeramente agotados o sumidos por una falta de vitaminas u otra clase de felicidad que alimentan los cuerpos. Al dedicarle la mayor parte de su tiempo al sexo, está cayendo en una tonalidad grisácea que no se antoja probar a pesar del poder económico con el que cuenta. Zygmunt Bauman define a este tipo de personas como Homo sexualis. Desde el momento en el que toman conciencia (sea culturalmente aprendida, por gusto, por una misteriosa hambre insaciable, por domesticación o cualquiera que fuera la razón) dedican la mayoría de su vida a buscar sexo dividiendo su mundo en dos planos: Trabajo/Busqueda. “El homo sexualis no es un estado y menos aún un estado permanente e inmutables, sino un proceso, minado de ensayos y errores, de azarosos viajes de descubrimiento y hallazgos ocasionales, salpicado de incontables traspiés, de duelos por las oportunidades desperdiciadas y de la alegría anticipada de los suculentos platos por venir”. A menos de una semana de conocerlo he recibido 100 mensajes pidiendo sexo desesperadamente. Le entrego su foto, me niego a querer exponer mi cuerpo desnudo, le entra la ira, se va al último vagón a desquitar su frustración con otro octavo pasajero, decide estallar en putería, coge coge coge y coge hasta calmar la furia del rechazo. Pasa el tiempo, recompone su estabilidad, se siente solo, su frecuencia sexual baja, necesita buscar en su bolsillo de contactos abandonados una dosis de penetración anal. Vuelve a escribir, esta vez trata de ser más negociable, incluso me ofrece dinero, no puedo aceptar, no nací para chichifear. La luna menguante golpea mi mente, no tengo respuesta, dejo sus mensajes fluir y me pongo a escuchar Energy Flow de Ryuichi Sakamoto como si fuera una oración que viaja a través del espacio. A lo largo de los libros y un par de verdades científicas, pierdo mi espíritu sexual y no esa fuerza física que diario me cosquillea, más bien, desaprendí  a querer tener sexo (o al menos ya no tan al aventón). Destino destino, parezco atrapado en tu rueda magnífica, estoy entre el hermoso río de la sabiduría y el instinto sexual, soy preso de los dos y no sé cuál escoger, soy duda y lo que sigue después de esa palabra. Me encierro en mi habitación, bebo mucha agua, el sabor me da tranquilidad, sabor a nada. Dejo volar los mensajes de Camilo, le pido de corazón volver al último vagón a desquitar su calentura, no temo, no temo… aceptaré la rueda del destino destino si es que en un futuro nadie quiere coger conmigo, aceptaré la verdad y renunciaré a lo que muchos especialista llaman “hambre de piel”, no me sumergiré en una alterada pederastia para coger con chavitos, no pagaré chacales, ni me someteré a vibradores parlantes, no buscaré un refugio contra la soledad, sólo aprenderé a confiar en la rueda del destino destino…

Amor que no se atreve a decir su nombre, yo te invoco en medio de la orgía en la cual me tienen prisionero y no quiero participar.

El °8 Pasajero. El triunfo de Marco Antonio.

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Marco Antonio me pide dormir en su cama, vive por Tlahuac. A lo largo de su corta vida ha luchado por escapar de esa pobreza reflejada en su familia donde todos conviven aprisionados por el yeso y tabique de dos habitaciones, una sala-comedor y un bañito en una vecindad cualquiera por el Estado de México. Marco vende Tenis, un paso a la vez y mucho esmero hasta obtener un pequeño cuartito con quién compartir momentos de dicha y amargura. Parece emocionado, le frustra que su celular no funcione y no pueda marcarme; le entrego mi número en un pequeño pedazo de papel, me sigue insistiendo dormir bajo sus brazos morenos, mirada infantil y apetitos sexuales de meterme el pito de la manera más cordial y amigable (caballerosamente me pide acariciar mi trasero, lo hace con suma delicadeza y calor).

Le abrazo, le digo que vuelva a su casa, es tarde y debemos regresar a nuestros mundos para reponer fuerzas y seguir viviendo nuestros cotidianos, cuando me despido, descubro que Marco llevaba toda la noche ligando, luchando contra su propia soledad. Esta luna parece triste por no dormir con un chico como yo, pero se siente orgulloso, derroto la soledad en el último lugar donde los hombres prometieron amar.

La soledad es una emoción universal que es tan latente y visible aunque no podamos decirla. Con el paso de los años luchamos contra esta palabra y descubrimos que hay momentos donde ella triunfa sin darnos cuenta. No me gusta la soledad porque parece que las personas en el fondo la desean, es tan frustrante porque las personas desean la peor imagen de nosotros, la más perversa y oscura, tan es así que cuando mostramos nuestra luz se alejan, temen a nuestra pureza, a nuestros buenos sentimientos que dicen ser baratos, de baja calidad e ilusos. Pueden serlo, pero son humanos y no por ello valen más o menos.

Marco vuelve a casa, me manda mensajes, me dice “Amor” para decirse a sí mismo que derrotó la oscuridad.

El tiempo pasa y yo también deseo volver a la luz, mí luz en la cual sonrío sin miedo a caer del cielo ajeno.

El °8 Pasajero. Chacal ac-tivo.

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A la altura de la estación Tepito, un hermoso joven estaba en el rincón más olvidado del espacio humano mirando al vacío y moneando con la tristeza de quién canta para olvidar el dolor. Dentro del último vagón se puede apreciar a las personas bebiendo o drogándose como un mal hábito, pero hoy, la mona llegó del cielo, abasteciendo el embrutecimiento del cautivador chacal.

Sus pequeños ojos me miraban, no sabían que decir, por un lado creí que me asaltaría con esa rudeza que distinguen su fama, pero por el otro entendía la profundidad de esa mirada ante su situación, y más en ese rincón enroscado como animal herido por una flecha de desamor, esperando convertirse uno con su creador. Gastón Bachelard dice que el rincón es un refugio que nos asegura un primer valor del ser: la inmovilidad. Si se recuerdan las horas del rincón, se recuerda el silencio, un silencio de los pensamientos donde todos hemos habitado desde distintas épocas con distintas formas, pero siendo uno mismo en la depresión.

Antes de llegar a Buenavista, le hago una seña con mis ojos (ya domino mi habilidad de seducción visual), me sigue, parece nervioso, sigue activando con un pequeño pedazo de papel Suavel que se entremezcla su aroma a lavanda con solvente de pintura. Lo primero que le pregunto “¿te encuentras bien?” dice que no, pero su mundo corporal responde lo contrarío. Parece alejarse cuando ve a dos policías, teme ser detenido por llevar activo.

Sigo mi camino hasta los torniquetes, se acerca, me mira llenó de nostalgia, quiero arrancarle lo narcótico ante los cientos y cientos de transeúntes que pasan, se me antoja comenzar a monear pero recupero la realidad. Le pido que tire la mona, lo hace, parece más sereno. Me dice “Creo que yo soy el del problema”. También los culpables se autodestruyen al mismo nivel que los lastimados, me pide escribir su historia de vida.

Le entrego un pequeño pedazo de papel con mí número celular, temo que lo use para seguir moneando, me despido, debo ir a la biblioteca y dejar al chacal enfrentarse a su propia soledad. Alrededor del día veo a muchas personas moneando, en la Alameda, en los pasajes del Centro Histórico, la droga de 10 pesos traída del cielo, bendecida por los santos… Jesús (el chacal) Salvador Paz (con los más llenos apellidos) regresa a su casa, se toma un baño caliente y decide escribirme como le sugerí.

Me quedé dormido, entre sueños sentí sus besos sabor activo, su ropita blanca caer al suelo y su virilidad al tope me hechizaron como San Judas a sus devotos. Mis ojos notaron un pene erecto, sentí lo que muchos sienten al ser poseídos entre los brazos de un chacal, ese erotismo natural y puro que los homosexuales experimentamos. Espero que Jesús, mí chacal, pueda reconciliarse con su pareja.

El °8 Pasajero. El hombre de las manos arrugadas.

Porque su ropa no luce a la moda y sobre todo, su pose no enamora. Sentado desde Tasqueña hasta Cuatro Caminos espera, y espera y espera… desea las noches cálidas a lado de un muchacho o una piel suave entre sus brazos los cuales parecen perder su propia gravedad.

Los chicos pasan, posan, ligan y se van… las estaciones iluminan los secretos nocturnos de estos hábiles idilios. Y el tiempo pasa y no liga nada, se esfuerza por mantener esa sonrisa y yo me encanto de tal valentía. Sigue leyendo

Marcha gay 2016

Decidí tomar el Metro para llegar desde la estación Insurgentes. A la altura de Guerrero un chico acarició mi brazo con el suyo, deseaba tocar mi cuerpo. Le insistí en salir del vagón pero su rostro me dijo lo contrario. Parecía molesto, tal vez se odiaba por tener que recurrir a ligar clandestinamente, a no tener tantito de fuerzas para escapar de su closedad, se fue triste, rabioso de abandonarme, seguí mi camino a la marcha del orgullo LGBT en su edición número XXXVIII Sigue leyendo