Agustín Martínez Castro y su perspectiva desde Terry Holiday

La visita guiada “Piratas en el Bulevar” tiene la peculiaridad de hablar sobre las primeras épocas de la vida gay al consolidarse la ciudad como un espacio de mayor apertura, aunque sea apodado como “El gran basurero” al albergar la mayor cantidad de homosexuales, lesbianas y personas trans que migran de sus Estados o entidades en busca de una vida más tolerante. La visita comienza con las narraciones de la transculturización que tiene México con Estados Unidos y otros países, una visión similar a la de José Emilio Pacheco, pero más enfocada al género. Terry nos habló sobre el primer best seller gay, “El Vampiro de la colonia Roma”, la vida nocturna en el cabaret, los primeros antros de ambiente, el cine y la actuación donde por primera vez nos da fecha de los famosos shows travestis que comenzaron en 1975 donde los hombres se disfrazan de las artistas del momento y las imitaban reviviendo la ilusión femenina de la diva mexicana. Sigue leyendo

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La literatura Gay indispensable en 2018

El leer las cinco obras abre muchas posibilidades, ayuda a comprender la historia pasada y presente expuesta a través de cinco miradas totalmente diferentes. Es importante que exista una demanda para que puedan existir más reimpresiones al igual que presentaciones. Un libro que llega a más lectores crea conciencias y cambios estructurales, es importante decirlo, muchos libros LGBT que actualmente están teniendo producciones en masa no están aportando conciencia, realmente se necesita que nuestras generaciones lean, es un ejercicio social que ayuda a mejorar nuestros lugares y nuestras vidas. Estas cinco obras están recomendadas, vale todo el camino encontrarlas y leerlas.   Sigue leyendo

La novela murió. Las crónicas de Rubem Fonseca

Rubem no es un hombre que le gusta tomarse fotos, de hecho, evita las fotos a toda costa. Cuando fue a ver la grabación del episodio se encuentra con el personaje de nombre Viveca que le pide tomarse una foto, Rubem accede gustoso “Después alguien me preguntó: ‘A ti que no te gusta tomarte fotos con nadie, ¿te tomaste una con el travesti?’. Le respondí: ‘Lo hice precisamente porque se trataba de un travesti, un hombre que salió del clóset y enfrenta la discriminación a gritos”.   Sigue leyendo

No era un ano humilde

Me gusta penetrar durante un tiempo y sacar mi pene para cerciorar el estado del ano: la mayoría de las veces el condón se tiñe ligeramente de un poco  de sus heces fecales o el ambiente se tiñe de un olor a caca, algo incómodo pero pequeño para no entorpecer el acto, a veces, hasta el aroma se vuelve agradable. En otros episodios el pene sale con trozos viscosos de popo, de ahí depende mucho la consistencia, color y aroma; he visto caca de color verde, naranja, café, negra y hasta azulada, creo que esto se debe a la mala alimentación. Lo que salía era un hilito de sangre, limpiaba con papel reciclado y volvía a meter, una rutina que duro como veinte minutos hasta que decidí eyacular y largarme a la verga de esa fraudulenta cola, no era un ano humilde, era una cavidad plástica que babeaba lubricante, sangre y caca mal fermentada. Sigue leyendo

Reconocibilidad

¿Cuándo algo tan importante, tan real, tan único que significa tocar un cuerpo, realmente tocarlo y explorarlo en placer se volvió tan común como las miles de imágenes que nos rodean a diario? No sabemos a quién culpar, tal vez a nosotros mismo como homosexuales al no apreciar las cosas que pasan en nuestra vida, aunque existan las infinitas críticas quiero pensar que cada lágrima, cada palabra, cada acción tiene su valor como agradecer la belleza del chico del tatuaje de garra de oso que se la pasaba diciendo que era feo y gordo para causar lástima, y eso es una mentira, deje de creer en la belleza y la fealdad para mirar lo que somos: temerosos de amar, muy temerosos por no decidir ser tan majestuosos como las flores en la punta de las colinas imposibles de escalar Sigue leyendo

Mastificación de los sentidos, el disparo vulgar del sexo duro

Clavar los dedo en su máquina saca caca, en seco, con violencia, provocar un sangrado, hacerlo gritar, pedir misericordia, comenzar la violación; el uso, la sobreexplotación del cuerpo porque ahuevo que los putos jotitos les fascina y más a los intelectuales, sí, a aquellos que alimentan sus deseos con otros autores, que quieren cambiar al mundo pero su bestia es más grande, más grotesca, más perra que sus investigaciones; espíritus parafílicos, los nuevos criminales sexuales contemporáneos. Sigue leyendo

Apartamento 34

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La sexualidad aparece de forma siniestra. No logro explicar cómo es que tengo acceso a ese mundo alterno donde la normalidad sigue y dos o más sujetos llevan a cabo acciones erotizantes. Abordo el tren en dirección Cuatro Caminos. Aparece un primer sujeto, su nombre es Nikita, un chico homosexual al cual brindaba mis servicios sociales para acreditar horas, el segundo sujeto, Alex.

Seguí mi camino con Alex, realmente no deseaba ir, o quería tener la puerta abierta a esa sexualidad; llegar, coger, hablar, intentar algo que nunca será…

Nos bajamos en la estación San Antonio Abad, me pide que le explique los funcionamientos de su cámara digital, lo acompaño con la condición de que me vuelva a dejar en el metro, la avenida Tlalpan no es de mi agrado y seguridad. Caminamos por las calles donde las prostitutas travestidas de mujeres posan al ritmo del micro, el taxi y la mirada nacalesca de esos hombres que andan ganosos y sin chiste. Me gusta que los homosexuales se traten con delicadeza, es parecido a una prostituta cara en manos de un oficinista elegante, hay estilo, coquetería fugaz, la interacción más pareja y equilibrada como la balanza de Libra.

Es extraño encontrarme en estas situaciones, sigo sin poder explicar la llegada, solo sigo caminando con el miedo entre mis piernas y la respiración, ¿seguiré vivo, cuando será el bueno que me despoje de mi valiosa vida a la cual me aferro con suma vanidad o moriré en el orgasmo? Llegamos al apartamento número 34 en el cuarto piso, respiro enérgico, descubro la hostil figura de los edificios, como me choca que incomoden el paisaje.

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Entramos y su hermano nos recibe mientras revisa sus hojas de inventario, este sujeto medio gordito canoso y con pinta de Godínez apenas si me alcanza la mirada, trata de no usarla, de negarla, ¿a cuantos más se las ha negado, o es que solo se las niega a los jotos, homosexuales, maricas o locas? Entramos a su habitación y le hacemos a la mamada, esperamos a que la decisión sea total, que la adrenalina pida algo más chingón que el sexo…, recuerdo en una ocasión decirle a un ex que haría una entrevista a un doctor, le comento que deseo saber sobre el funcionamiento de la adrenalina, su voz con intensión de joderme evoca la frase “Adrenalina es que te pongan en cuatro y te la metan”. El ardor resplandeció en toda su figura, era totalmente un puto, un puto ardido que escupía veneno sin colmillos, tan víbora indefensa que solo saca veneno sin mordidas, manchas en la piel que no penetran la sensibilidad, pobre pendejo que no sabe sobre adrenalina.

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Cierra la puerta, revisa su celular mientras le desabrocho su pantalón y saco su pene aguado, usa tanga. Intento masturbarlo, pero se me resbala, no puedo conjurar la erección viril. Nos concentramos, pero debemos mantener el silencio, jamás pensamos en una acción, una penetración. Comenzó a masturbarme con su izquierda mientras que la derecha daba firmeza y potencia a su pene, los lunares constantes y una tremenda cicatriz curva causante de dos tumores, uno cerca del hígado otro en los intestinos es mi filia visual que se aferra en mis suspiros, alcanzo el nirvana orgásmico en menos de tres minutos, Alex toma dos minutos para alcanzarlo. Le robo un bóxer de robots, lo miro extrañado, somos extraños realmente, pero la mayor adrenalina, el mayor placer, la mayor sexualidad que llega de diversas formas, algunas siniestras, otras salidas de contexto menos sexual y educado se representaron en los lunares y la cicatriz; un recuerdo de la sobrevivencia médica, esas líneas tan bien detalladas, un mapa urbano, un sujeto más sexy que los asquerosos mamabólicos o las estatuas griegas que comienzan a apestar a viejo, únicamente para viejos que pueden pagar sus atributos. Alcancé el atributo de la cicatriz, esa representación de una nueva vida ante la miseria de la tarde.

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El sol brilla, regreso un poco inquieto, me preocupa saber que el día de mañana esa sexualidad me vuelva a acorralar de una forma la cual no puedo llegar a teorizar o escribir, expresar y ver con estos ojos que a veces odian, a veces aman y unas llegan a sentir empatía por la pérdida de nuestro mundo espiritual.

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