Acapulco Pet Sounds

Era lunes. Al salir del departamento llovía como una señal a mi destino, era una especie de consuelo. Al llegar a la esquina, a la hora acordada no estaba Daniel, marqué su número, parecía desesperado, urgido de verga como me lo sentenció el mariconsaurio; urgido de una caricia, de cuerpo, y no de ese cuerpo que está disponible porque nadie lo quiere, hablo del cuerpo que todos queremos entre brazos dando lo mejor de sí. Me irrita esa sensación de abandono, parezco una flor sin riego, me falta algo de vida, mis ojos se humedecen mientras me pregunto si será de esta manera, mi vida, siempre habitando la clandestinidad, siempre peleando como perro hambriento migajas de cuerpo, siempre siendo rechazado por todo lo bueno y todo lo malo que se convierte en excusa, siempre, siempre, siempre…

No puedo culpar al chichifo, no puedo recriminarle ni odiarlo, el no es culpable. Mis ojos arden de rabia, se mezclan con pasado y mi presente, me lleno de lágrimas. “¿Por qué nadie me quiere?”. Mi grito hace voltear a todos los Locales, los ignoro, me voy rendido con las confesiones que tanto he odiado de muchas personas que suenan en mi cabeza: “Ya no creo en el amor, sólo me dedicaré a coger”. Temo que sus maldiciones me contaminen, que me hagan uno de ellos, que mis creencias se pongan en jaque y realmente sea un estúpido por creer en el amor romántico. Vivo otra derrota… Sigue leyendo

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