El fracaso Empower LGBT 2018 y la economía rosa de la muerte

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El 31 de agosto se celebró el Congreso Anual de Empresarios, Emprendedores y Talento Empower LGBT en el Pepsi Center. El objetivo del evento es reclutar talentos diversos a partir de una política incluyente en donde: ser diferente es sinónimo de talento. Las empresas participantes, reconocidas a nivel nacional y extranjero se proclaman orgullosas de formar parte del proyecto de La Federación Mexicana de Empresas LGBT+, organización que inició sus operaciones en año de 2013 inscribiendo a un grupo de personas que actualmente se encuentran posicionadas en medios digitales dedicados al entretenimiento, el networking y el autoempleo de pequeñas y medianas empresas. La intención de una feria del empleo LGBTI+ suena increíble, se pinta como un modelo revolucionario, pero el discurso es totalmente distinto a la práctica.

En este año, todas las empresas y agencias de reclutamiento presentaban ideas novedosas basadas en la ficción, usaban nombres fascinantes acompañados de stands que no te imaginas la clase de giro que maneja la organización, en el momento que te acercas para preguntar qué clase de trabajo se puede aspirar comienza una sensación de malestar al descubrir que la mayoría de los empleos están relacionados al fenómeno Call Center, a los procesos burocráticos que necesitan estudios avanzados y manejo de programas contables basados en la captura de datos, la mayoría de las empresas no ofrecían un trabajo, ofrecían un sistema de fraternidad donde si eres gay, eres una loca con aspecto deplorable puedes aspirar a un ambiente laboral amigable aunque en el fondo sigas siendo tratado como una loca deplorable; por más atractivo que se pinten estas ideas, el trabajo que se ofrece sigue siendo basura y mediocre.

Según investigadores de la UNAM, el peor trabajo al cual están destinadas nuestras juventudes es sin duda una empresa de Call Center dejando en segunda posición las cadenas de servicio en plazas comerciales que en su mayoría una enorme población LGBTI+ trabaja de manera sobrexplotada e invisibilizada con un sistema de horarios que nos les permiten establecer una rutina fija al tener que rolar sus horas y días de descanso, básicamente estos trabajos están atados a las lógicas del capitalismo rosa que ha cobrado una importancia desde 2010 en México con los estudios del Pink Money. En el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto se ha visto una importancia casi vital de tener que atrapar estas economías rosas desde todos los puntos posibles (legales e ilegales).

Para entender este fenómeno es importante reflexionar como se mueve el dinero en nuestra ciudad.

Bernardo Castrejón (Dolores Black) asegura que es la drag queen menos pagada en la ciudad de México con 200 pesos por trabajar una noche, la parte contraria es el premio de 50 mil pesos que ganó Deborah La Grande en el Reality show conocido como La Más Draga que en su primera emisión en 2018 tuvo como objetivo revindicar el trabajo de estos artistas del travestismo; en la noche, el pago de drag queens varía dependiendo del antro o la zona. El pago estándar (el más decente y accesible) sería 500 pesos por noche. Las drag queens más pagadas a voz de ellas son las drags de La Purísima con un aproximado de 2 mil pesos y las drags independientes que han creado una brecha como el caso de Paris Bang Bang, Super Perra, Roberto Cabral, Hugo Blanquet, entre otras. El trabajo de noche se posiciona como el tercero más importante entre travestis, personas trans y jóvenes gays que laboran como meseros, barmans, DJ’s, fotógrafos y personal de limpieza sin ninguna clase de contratos o garantías, todos los trabajos se pactan de manera informal.

Antonio Medina, activista del Partido de la Revolución Democrática (PRD) dijo que el único trabajo que tienen las chicas trans son el de “putas y peluqueras” (sic). Estás declaraciones, a pesar de tener una carga machista y transfóbica son importantes porque la realidad de la comunidad trans está muy ligada a estas duras palabras, de acuerdo con las organizaciones encargadas del conteo de víctimas, desde 2007 a 2017 se han documentado 424 casos de asesinatos a personas trans, en las cuales el primer oficio era dedicado al trabajo sexual, el segundo era la peluquería y el tercero el trabajo en los antros, esto quiere decir que el trabajo informal es la principal fuente de ingresos no solo de las personas transgénero, sino de una gran parte de la comunidad lésbico-gay.

Los antros se han enriquecido con el trabajo de todas estas personas con sumas que sobrepasan la imaginación, por ejemplo, digamos que hipotéticamente en un after de la zona de Garibaldi se cobra una entrada de 50 pesos por persona, en el espacio entran aproximadamente mil personas por noche, esto quiere decir que se obtiene una ganancia de 50 mil pesos sin contar el cobro de la cervezas, el alcohol, propinas, condones si se entra en el cuarto oscuro, sumado a esto, el consumo de drogas que entra en parte de la economía de la muerte que no se encuentra muy separada de estos espacios vulnerables, sin embargo, en alguna ocasión, uno de los dueños comentó que una noche se rondan ganancias aproximadas de 100 a 130 mil pesos de puras entradas mientras los que los pagos a todos los trabajadores no llegan a más de 15 mil pesos, la sobrexplotación de la comunidad LGBTI+ ha enriquecido a estas empresas hasta el grado de cobrarles con su propia vida.

La economía del crimen no sólo se encuentra en la vida nocturna, se encuentra en la explotación del cuerpo y su deterioro físico, hablar de la noche fue un caso aterrizado a la realidad vinculada con la sociedad del espectáculo, en el caso de las empresas la situación se vuelve similar, el problema del trabajo formal es que esta constituido de reglas que vuelven al sujetx completamente vulnerable y dócil hasta el grado de nunca tener tiempo, y nunca tener iniciativa o voluntad (Godínez); en palabras de Fernando Savater: “Las personas necesitan más dinero para poder entretenerse más porque cada vez no les alcanza”, esto quiere decir que el trabajo esta haciendo que la vida sea más aburrida y por ende, cada vez se busquen nuevas formas absurdas de entretenimiento. La producción de espacios, contenidos, productos y servicios que las empresas ofrecen a los LGBTI+ son cada vez más estúpidas y denigrantes, en este necro mercado glam se puede encontrar desde blanqueamientos anales, comidas color arcoíris, guías para salir del clóset y lucir bonita (sic) hasta convivencias con tus videobloggers favoritos. La desesperación por tener este dinero rosa ha llevado a pequeños negocios a poner banderas arcoíris en toda la ciudad sin tener ni siquiera un trato amigable con los gays, las innumerables quejas que rondan en las redes sociales demuestran que muchos negocios aún no están preparados para tratar con la comunidad, negocios que hoy se encuentran en esta feria del empleo.

En el primer encuentro de La Federación Mexicana de Empresas LGBT+ (2014) La NGLCC global LGBT brindó una serie de estrategias para defender el dinero rosa de los terribles efectos del mercado capitalista, en una estrategia de tres pasos propuso que “las personas LGBTI+ que fueran a comprar algún producto o servicio de una empresa, esta debía garantizar que no tendría muestras de discriminación además de contratar a personas de la comunidad, crear negocios que la comunidad LGBTI+ necesite, además de que ellos tengan el control de dichas empresas y hacer relaciones de compra y capacitación a otras empresas rosas”. Estas estrategias parecen funcionar en otros países, pero en el caso de México, donde los dueños sobreexplotan a los pequeños y estos a su vez explotan a otros pequeños parece una cadena de violaciones a los derechos laborales, se vive en una constante competencia de cuerpos desechables para ver quién sustituye a quién, de todos los mercados que existen, el más discriminatorio y humillante se encuentra en la comunidad gay.

Es interesante acudir estas ferias del empleo mientras vemos a videobloggers, influencers, “activistas” o personas que tienen empleos totalmente distintos diciéndonos en pantalla que sí se puede encontrar empleo, que la mayor atracción de esta feria es un stand en donde te pueden maquillar y travestir para tomarte una foto; una feria que ya no tiene vacantes y que nadie quiere hacer el trabajo sucio.

Vivimos una realidad de cientos de miles de personas desempleadas, con estudios o sin ellos, con propuestas positivas que quedan guardadas algún documento de computadora, que vivirán temporadas largas sin encontrar un trabajo o trabajando en una empresa que los matará del aburrimiento hasta el grado de comprar cualquier porquería que se pueda ofrecer. Vivimos en una realidad que muestra por primera vez a homosexuales y mujeres trans vendiendo drogas en las calles, haciéndole la competencia al dealer heterosexual, vemos un alto índice de prostitución incluidos a chicos que se encuentran estudiando y sus padres los mantienen, vemos gente ofreciendo lo poco que les queda de dignidad por una cerveza, vemos la enorme pobreza de nuestra sociedad por ese dinero rosa, tan hambrientos de tenerlo, ese dinero teñido con un poco de sangre.

Escribo este artículo sobreviviendo con un sueldo de 500 pesos a la semana, buscando un mejor empleo, buscando una vida mejor.

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