Malas Compañías. El primer poemario de Luis Gonzáles de Alba

Cuando el fotógrafo estadounidense Duane Michals escribe que la parte más bella del hombre se encuentra en la V que se forma en la cintura, Luis Gonzáles de Alba hace un homenaje a esta fotografía con la que inicia su primer poemario público titulado: Malas compañías. El primer poema, Complicidad, es una introducción y homenaje a la mirada que tienen los hombres para admirar el cuerpo masculino, mirada que ninguna mujer podría entender

Adoro el cuerpo de los hombres

(y ni la mujer más puta me podría entender)

por la V que nos baja de la espalda

a la cintura estrecha.

Sonrío ante la complicidad

que pronto se establece entre ellos,

por el juego de la fuerza,

su vanidad, y

su falta de pudor al ir desnudos.

hd_michalsparte

(Fotografía de Duane Michals)

A través de 20 poemas, Luis Gonzáles de Alba (1944-2016) nos habla de la homosexualidad que se vive en México, o al parecer, la homosexualidad más salvaje que se vivía en la época de los setentas y ochentas antes de la llegada del VIH Sida.

Malas Compañías se publicó en el año de 1984, en este poemario se aprecia una voz entre frágil y gozosa de un hombre que ama la virilidad, el cuerpo grande, musculoso y velludo de aquellos hombres que cogen en la oscuridad. En casi todos los poemas existe una denotación homoerótica que parece ahogarnos esta hambre de piel.

La cartografía que hace Luis sobre los hombres esta inscrita en cuerpos estéticos, dedicados al deporte, la gordura es equivalente a los músculos o a los cuerpos de los Osos; en sus referencias culturales el amor no se compara al físico de David Bowie o al de Helmut Berger, las figuras masculinas son representadas en James Dean, John Travolta hasta en Ernesto ‘Che’ Guevara. La sexualidad en cada poema recupera elementos como la complicidad, el secreto, la imagen de hombres heterosexuales que a solas se aman y no lo aceptan; uno de los poemas que expone la realidad a la que Luis se enfrentaba al igual que muchos varones es en De hombre a hombre.

Debemos hablar

de hombre a hombre,

le dijo en una cantina a su amigo

el día caluroso en que celebraban

con cervezas y ceviche

el primer aniversario

de haberse conocido;

la verdad,

yo no soy puto,

aquella vez

estaba en los baños Jordán,

pues… yo andaba caliente

y tú tienes muy bonitas nalgas;

además,

mientras te inclinabas sobre la banca de masaje

a lavarte los pies,

se te abría el culo rosadito

en el que tienes tan poquitos pelos

y,

pues uno es hombre,

por eso te seguí al cuarto de vapor

donde te gocé de prisa

y mirando de reojo la puerta cerrada.

Dos veces te la saqué con sobresalto

y disimulábamos

mientras el otro volvía a salir.

Pero ya en el taller me hacen burla

los muchachos,

pues sólo me ven contigo;

un día tendré que pelarme,

no se la empiecen a creer de veras,

y la hija del patrón me coquetea,

así que voy a probar suerte con ella.

Sobre todo —dijo mirando su cerveza—

ya hace un año y…

—la voz se le quebró un poco

y los bonitos ojos negros le brillaron más

con unas incipientes lágrimas—

no me vaya yo a encular de ti,

así que mejor ya le paramos.

Es muy interesante como Luis se refiere a la hombría en este poema de amor donde hay dos connotaciones que aluden a esta figura del macho inquebrantable, la primera de ellas es: “yo no soy puto”, la segunda frase justifica la afirmación de la primera: “pues… yo andaba caliente”/”pues uno es hombre”; es como si se quisiera buscar una línea en donde dos hombres tienen sexo y no necesariamente sean homosexuales, como si dos heterosexuales se amaran, que ese amor estuviera más arriba de las conciencias de preferencia y género porque ser gay, puto, joto, es meramente asqueroso; Luis también ha sido un hombre que en su momento se dijo ser bisexual y luego un hombre que solo amaba la masculinidad, sin embargo, al hacerlo tendría que aceptar una feminidad, tal vez la de él mismo.

En este poemario se expone la sexualidad de una manera salvaje, un documento que hace visible el cruising y la peligrosidad del sexo que puede llevar a la muerte por el mismo placer; buscar sexo entre hombres que no son putos es uno de los deportes más extremos como se aprecia en el poema Mi corazón se ahoga

Es mi corazón que se ahoga

en el crimen,

en la prisión nocturna

a la que me invitas

y te invito;

a la orgía de muerte

que tú y yo conocemos:

el beso que te destroza,

la violación que mata,

las velas desplegadas de la piratería

en la alta mar

de los más sórdidos pensamientos.

 

Mi corazón se ahoga en sangre,

en la tuya,

señor,

rey,

y en la mía

y en la de todas las víctimas

de nuestras navegaciones.

Para poder ligar esta clase de hombres se tienen que tener acceso a ciertos rituales como el alcohol, la fiesta, las cantinas, los espacios cerrados, la oscuridad para no verse completamente, ese temor visible en México queda dislocado en otros poemas cuando tiene sexo con hombres extranjeros que ya no tienen pudor, que ya cogen con más libertad y placer, que su semen no es una fuente a punto de explotar.

A pesar de la enorme eroticidad, existe un dejo de nostalgia y tristeza debido a que todos los hombres terminan solos, separados, abandonados por el miedo de llegar a quererse, por el miedo que tienen de cumplir mandato en sociedad de ser hombres de bien con esposa e hijos. Al final, el poemario deja una sensación desagradable al ver que todo se reduce a una cogida o al encuentro desesperado de la carne.

Actualmente el poema parece vivir en nuestros días, hoy, más que nunca se siguen mirando esta clase de relaciones entre hombres que no se aceptan y fingen no ser homosexuales siendo más rudos y prepotentes, fingen beber más alcohol, usar más drogas y tener más novias, pero siempre, misteriosamente, parecen acompañados de un segundo hombre que no lleva una hembra, que parece solitario, misterioso, ese hombre que no habla y espera a que todo el mundo desaparezca y se quedé con su macho para volver a dejar de fingir.

Malas compañías es un poemario en la voz más lúcida y atrevida de Luis Gonzáles. Me despido con un poema que me gustó mucho porque hace meses tuve una situación similar con un boxeador.

BAÑOS DE SEGUNDA

Boxeador mexicano

que no llegaste jamás a Los Ángeles

ni tuviste contrato alguno

en la arena Coliseo,

pues tu última pelea

la perdiste en tu barrio,

 

me pregunto si la cicatriz bajo tu bigote áspero

es un labio leporino

mal cuidado

o la marca de una infancia callejera;

 

pero más me gustaría saber,

cuando bajo la regadera te enjabonas

en estos baños

a donde vienen con sus camionetas

los choferes de mercado,

si acaso se te está parando

a causa del calor,

del agua tibia,

del reposo después del trabajo,

o porque me he puesto

a hacer ejercicio

en la plancha de masaje.

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