El fraude del arte LGBT

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Actualmente el arte sufre una crisis existencial. Desde hace años he apreciado muchísimas obras arte desde sus distintas vertientes hasta llegar al nuevo arte multimedia que utiliza recursos en base a las nuevas tendencias y tecnologías. Con el tiempo esta idea se me hizo brillante y poderosa (incluso yo me valí de estos recursos), pero poco a poco se fue perdiendo el asombro debido a los resultados proyectados por muchos creadores, en este caso, me dirigiré al arte LGBT.

Salvador Irys Gómez es el actual promotor cultural del Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS). Su trabajo ha sido una de las plataformas más importantes para diversos artistas jóvenes que tratan de dar una voz en la Ciudad de México. El trabajo de Salvador ha sido muy importante a pesar de los tropiezos y problemas que ha tenido, sin embargo, ha logrado vincular espacios como El Museo del Chopo, la galería José María Velasco, el Centro Cultural José Martí, su propia galería conocida como Hazme el Milagrito, la Cineteca Nacional junto con Arturo Castelán, Director del Festival Mix México entre otros espacios.

El siguiente párrafo no trata de cuestionar el trabajo de Salvador. Mucha de la oferta artística que ha logrado utilizar esta plataforma se ha convertido en una serie de artistas fraudes a los cuales se les ha vendido como “Los creadores que revolucionaran el arte LGBT”.

Esta idea ya la tenía y compartía con muchos conocidos que también se dedican a la labor del arte, he visto a grandes pintores, escultores, escritores, bailarines, dramaturgos que a lo largo de su vida se han tenido que mover en otros espacios para mostrar su trabajo, el cual ha tenido una difusión empobrecida y muy poco conocida en el país mientras que muchos de nuestros creadores visibles que se encuentran en la mira de revistas, medios, periódicos y galerías presumen un trabajo único, transgresor que pone en vanguardia la sexualidad y el género cuando la mayoría de estos personajes ni siquiera tienen una idea de lo que significa el arte.

No hablo de una mafia que domina espacios y se gana el dinero a montones, conozco la situación de los promotores que hacen su lucha, incluso poniendo parte de su propio dinero, lo que se cuestiona son la llegada de estos “artistas” (algunos autores como Avelina Lésper los denominan “Creadores VIP”: Video-Instalación-Performance. Otros autores los denominan como Posmodernos o Hampartistas) tal vez el concepto que nos acomoda sería el Arte de las Inventadas o el Arte de las señoras aludiendo a esta institución de personas LGBT que ya tienen establecida toda una historia y opinión impuesta sobre de las demás personas, por el otro lado a una juventud considerada como queer y no binaria. Tal vez hace falta explicar un contexto para hacer entender mi punto.

Contexto mexicano.

José María Covarrubias fue el fundador del Círculo Cultural Gay que tuvo su Semana Cultural Lésbica Gay, ganando un espacio en el Museo del Chopo en 1986, una época difícil donde el SIDA ha dejado una enorme pérdida y el país sufre una recuperación económica ante el sismo de 1985. El trabajo de José María no sólo involucraba el arte, también el activismo en la comunidad trans, especialmente en Chiapas junto a Jorge Fitchl y Víctor Ronquillo quienes documentaron la crónica de un batallón de la muerte que ejecutaba a travestis y trans en la época del Negro Durazo, el resultado fue un libro conocido como “La muerte se viste de Rosa”, texto que no ha tenido reimpresión y es muy difícil de adquirir. Después de éste suceso José María se convierte en el primer hombre que podía intervenir e investigar casos criminales, recaudando pruebas y haciendo diagnósticos. Su trabajo de denuncia y apoyo a un sector verdaderamente vulnerable fue el inicio de nuestras plataformas de arte LGBT.

Con el tiempo se creó El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes mejor conocido como el FONCA, este nace en el año de 1989 en el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari. El FONCA junto con CONACULTA se convirtió en una plataforma para comprar el silencio de los artistas. Uno de las grandes figuras gays conocidas como Carlos Monsiváis fue comprada para poder introducir desde la literatura y otras disciplinas un reconocimiento al arte gay del siglo XX.

Durante años el FONCA se convirtió en un espacio que mantenía revistas feministas, literatura, compañías teatrales y otras artes que paradójicamente también han denunciado la corrupción del mismo gobierno.

Hubo un momento crítico donde el FONCA se convirtió en un espacio de resistencia, tal vez este comenzó desde que el presidente Felipe Calderón desata la guerra contra el narcotráfico a voz pública y su partido mejor conocido por ser de ultraderecha limita las garantías y derechos de la comunidad gay. Artistas como Omar Gámez, Jesús Flores, Nelson Morales y otros han sido el resultado de esa resistencia en el contexto de violencia como ejemplos que el arte es un camino conciliador, pero se piensa que el FONCA vuelve a esta línea del arte basura cuando premia al polémico Dante Tercero, mejor conocido como el Poemojis, un libro de poesía que contiene pequeñas frases y emoticones de la aplicación WhatsApp.

Dante Tercero es conocido como Patricia Binôme, un hombre transgénero que cuenta con una editorial independiente llamada Ojo de Pez. El trabajo de Dante es el verdadero ejemplo del fraude en el arte LGBT, donde las becas son entregadas a personajes y no a verdaderos creadores; no se necesita estudiar Teoría del arte ni tampoco citar a filósofos de la talla de Roland Barthes  para saber que lo que hizo ésta persona fue un fraude económico y ahora esta resguardado por una institución  gubernamental que dice que no importa nuestro trabajo y estudio, que es más importante usar hormonas y hablar en un lenguaje queer inentendible a nuestro contexto.

En el Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS) de éste año (2017) tuve la oportunidad de ganar un espacio de exposición en el Centro Cultural José Martí. Participé en una convocatoria del INJUVE donde se premiaron cuentos e imágenes. La poca demanda que hubo —por cierto, a causa de una mala difusión— obligó a los organizadores a buscar amigos en común y a conocidos suyos que dicen hacer arte para exponer junto con las personas que sí se registraron en la convocatoria. El resultado fue un claro contraste de creadores y de personas que dicen ser artistas. A partir de ese momento, estas ideas tomaron más impulso para escribir sobre el tema y continuar reflexionando sobre realidad en el arte LGBT mexicano.

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