Tepito, Paraíso de la falluca y el recuerdo de una época dorada

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En la calle de Jesús Carranza, iniciando desde el Eje 1 Norte hasta la intercepción con Estanquillo, los jóvenes renuncian a la discreción para ofrecerte motita de la chida a precios absurdos. Entre puestos y con sus atuendos de “ubícame a la de ahuevo” estos hermosos peones creyeron que El Barrio nació para ellos, pero hace más de tres décadas la historia del comercio en Tepito era otra.

Hace unos días encontré una nota sobre el comercio del Barrio, hecha el 07 de enero de 1985 con motivo de una tradición popular conocida como “La llegada de los Reyes Magos”. En esta nota, hablan de un Tepito libre, centro importante del comercio en electrónicos (cada época se acostumbra a vender lo que está de moda), cosas prohibidas e inexistentes. El boom de aparatos estaba conformado en electrodomésticos, estéreos y video caseteras con películas de todo tipo de gusto y género, no es para menos, la última novela que leí sobre el tráfico de electrónicos fue Las Púberes Canéforas de José Joaquín Blanco quien hace referencia a este tema.

Desde que era niño se me acostumbró al trabajo ambulante. Mi madre convenció a mí padre de comprar un puesto justo en la entrada de una primaria conocida como Lucio Tapia, era un espacio de tres X tres, era ideal para vender lo que sea. El primer negocio a cargo de papá fueron recuerdos y regalos para el 14 de febrero, cumpleaños y novias: osos, llaveros, anillos de fantasía; chucherías que no eran posibles encontrar en el Centro. Con el paso del tiempo llegamos a cambiar de giro a ropa de falluca, en ese momento mamá tomó el control del negocio, el primer día vendimos vestidos, habíamos ganado 10 mil pesos en un solo día (10 mil de los nuevos pesos), el segundo día bajo la venta a 5 mil pesos, pero de esa cantidad no bajamos. Los vestidos que conseguíamos eran demasiado bellos, muchos de ellos usados por gente de las altas esferas. Las leyendas no mienten, en Tepito, grandes estrellas se forraron de ropa: Rocío Dúrcal, Paulina Rubio, Yuri, Juan Gabriel (como hombre y como mujer para después irse a fiestas en Garibaldi donde llevaría uno de tantos chacales junto a otras figuras como Coral Bonelli que relataría los tiempos de un Gabriel en vestida).

Antes de que ganara el PAN no había una verdadera extorsión, siempre se pagaba mantenimiento que no pasaba de 20 pesos o la ayuda de los diableros a guardar la mercancía y llevarla a las bodegas que estaban dentro de las vecindades. Había operativos para decomisar piratería VHS que evolucionaría a las torretas de discos. Cuando nos quedamos solos, mi madre comenzó a vender comida en las noches, pero el negocio duro poco debido a la violencia que se estaba suscitando entre narcos, ese puesto pasó a manos de P., quien comenzaba a vender películas piratas en un VCD (un aparato previo al DVD). Iba en segundo de secundaria y me dejaban solo durante varias horas, en ese tiempo llegaban los señores a comprarme pelis porno, me hacían probar disco por disco con toda la calma del mundo, en ese tiempo la peli porno de moda era la de Pamela Anderson, los vecinos puesteros se daban cuenta que los señores esperaban a que quedara solo para pedirme probarlas, les excitaba ver que un chamaco les ponía porno, afortunadamente las compraban.

La situación se puso más gacha y terminamos vendiendo el puesto que termino siendo una más de películas, ese fue el comienzo de otra historia, pero volveríamos a trabajar en un puesto, esta vez en la Iglesia de Santa Ana vendiendo micheladas y alcohol.

Actualmente sí existe una extorsión, al menos, en todo el tramo de trabajamos existen cuotas de pago. La primera de ellas sigue siendo el mantenimiento que subió a 50 pesos, después se paga el uso de suelo (100 pesos), a veces se pagan sobornos a los policías que van de 200 pa riba, la temporada navideña cuesta 500 pesos por puestos, más 100 pesos de una misa para bendecir el trabajo  —la religión católica es la base del negocio, mucha gente bendice sus puestos antes de comenzar a montarlos, echan un aromatizante preparado en los mercados para purificar el lugar, ya que a veces el robo o la muerte llega a los puestos sin querer. Ponen flores blancas o rojas hacer ver bellos los lugares donde trabajan, algunos se abrazan a otras religiones y santos, pero todas son iguales—. Para terminar de rematar existen las pedidas de dinero cuando el jefe de la delegación o el presidente en turno pide, esta depende de la cantidad y todos se mochan. En estos momentos, la exigencia de dinero es ahuevo, la consecuencias de no pagar pueden ser fatales.

El mundo en Tepito ha cambiado, los prohibido e inexistente se ha reducido. Nunca se habían visto tantos puestos de cerveza con bocinotas que escupen letras de banda y reguetón. La gente ahora va por moda y no por necesidad. La belleza de la buena fortuna se pierde, al menos en época de reyes los juguetes han ido desapareciendo; mucho de este cagadero vino desde la administración de Dolores Padierna, de las bodegas chinas, las batallas contra los carteles que intentaron apoderarse del control (y parecen empezar a lograrlo), y la hispterización que aumento las rentas que iban de 2 mil pesos, ahora crecieron hasta 6 mil, con espacios que no pasan del metro cuadrado. La piratería parece ser la única resistencia al igual que la pornografía y su Callejón de las Ganas (Florida) donde los vibradores, poppers, viagras, cuero, latex y algunos chacales que ya ofrecen la jariosa mamada o caricia siguen mitigando el hambre de los clandestinos. También creció la venta de anabólicos y proteínas para aquellos amantes de los músculos, tecnología y chinaderas.

El Barrio florece en una nostalgia perdida, parece un niño huérfano que vende una cajita llena de cosas inexplicables, esa nostalgia nos sigue vulnerando porque nos ha hecho menos bravos, pero no es esa bravura que lastima, es una resistencia llena de honor ante las injusticias de la vida. Pero cuando las cosas se ponen difíciles el Barrio ofrece una buena cobija aunque lo que nos rodee sea sangre, sudor y llanto.

Algún día seré dueño de un puesto.

Para terminar les comparto el artículo encontrado en periódico La Prensa.

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Tepito, Paraíso de la Falluca

* Venden todo tipo de artículos electrónicos

* Algunos comerciantes se quejan de extorsiones

Tepito, es el centro más grande de distribución de aparatos electrónicos y diferentes objetos de procedencia extranjera, no ha dejado de ser una mina de oro para las personas que se dedicaban a extorsionar a los comerciantes de esa rama.

Mientras algunos comerciantes niegan seguir siendo extorsionados por la policía capitalina, otros por su lado afirman todo lo contrario y hasta se quejan de algunas arbitrariedades, de las que han sido objeto.

Revistas, películas… Ya sabes, lo que se te ofrezca… ¡Se acercan algunos comerciantes a ofrecernos todo tipo de mercancía, supuestamente prohibida!

“No tenemos que dar ninguna cuota a nadie, mucho menos a alguna corporación policiaca por ofrecer nuestra mercancía, eso es pura publicidad, es para taparle el ojo al gato, a la prensa hay que creerle la mitad de lo que se dice, los únicos que en un momento dado tienen derecho a decomisar, son los agentes aduanales, nosotros vendemos tranquilamente nuestros artículos”.

“El pago lo hacemos con mercancía, a falta de dinero, pero si no le entramos acabamos en la lista negra y para qué buscarnos problemas, total, pasan de vez en cuando escudándose en que tienen que quedar bien con sus jefes, estas y otras versiones son las que nos dan, pero total, estamos en este negocio y ni modo”.

“Yo no sé nada, sólo vengo a vender aquí, el día que tengo buena venta le doy gracias a Dios y cuando me va mal pues ya ni modo, tengo que resignarme, este negocio es así”.

Tepito, con sus viejas vecindades, que sirven para ocultar la falluca, el mercado negro de los artículos electrónicos, es la calle de Tenochtitlán, el chavo que va por sus tenis de onda, la señora que busca la “económica” batidora para su cocina, el ricachón que va por su videocasetera o bien a comprar las innovadoras películas, sin faltar los inspectores que vigilan la distribución de los artículos.

En Tepito podemos encontrar desde una pluma-reloj hasta las sofisticadas video-caseteras.

Sobre Tepito: la es que ni a los aduaneros ni a los altos jefes policiacos, vendedores tepiteños, saben quién o quienes se quedan con lo recabado en los 10 mil puestos existentes.

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