Lámeme la panocha BOMBA

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En este post debía estar una crónica de la fiesta BOMBA Halloqueer con todas las fotos, sin embargo, debido a la mala organización y grosería por parte de algunos encargados decido llevar mi texto y fotos a una revista de Tijuana, la cuál espero lo publiquen en unas semanas. Lo que publicaré en este espacio es un testimonio de lo grosero y mamón que puede ser la comunidad gay. Le reclamo a Edgar Tekila (profile de facebook) el porque los guardias no me dejaban subir al escenario y menos al camerino, su respuesta fue un “Sorry bb”. Desde la entrada todo pintaba para mal, no es la primera vez que las fiestas BOMBA son conocidas por su mal trato a jóvenes gays que aspiran a vivir la experiencia de una diva trágica y de moda, en esta ocasión nos tocaría ver un exorcismo por parte de Sabrina, polémica mujer que fue poseída por un demonio y logro escapar de sus garras lamiendo panochas.

En el evento tuvimos la presencia de varios cantantes queers, la emoción y euforia se vio floja ante los costos elevados y un sin fin de tratos incómodos por parte de un equipo de seguridad molesto de tener que ganarse el pan en eventos gays mientras exponen su homofobia a los disfrazados.

Alguien le dijo al guardia que no me dejaran pasar, traté de decirle a Luis Rivas, pero no se tomó el tiempo, los chicos de la organización igual brillaron por su apatía, por un momento me sentí en una las noches más mamonas del Bar 9.

Sólo toma fotos este show”. Logré capturar la imagen bipolar y grosera de Sabrina que vino de hueva y no quería dar show, no permitió acceso a prensa (como los guardias) y muchos gays se vieron estafados al ser chcichifeados con 250 pesos o más de un show mediocre que con ese dinero cualquier drag haría mejores cosas.

Además de eso, el ambiente pesado y poco a poco se torno posón con dejos de violencia cuando una harley quinn de los noventa golpeó a una drag de nombre Mika Ehla por celos, sonaban comentarios en la calle “luego por eso matan a las trans”. Hablando de trans, me hacia ver a Dolores en la marcha de la Merced, pero parece que el morbo y glamour de la noche le ganó a su lado político.

Otros personajes rondaban hasta los bigotes de cocaína y LSD, en el baño un diablito parecía con dificultad buscar objetos en su bolso. Los cubículos para cagar se convirtieron en cabinas de sexo oral.

La noche ya no era tan glamurosa, no estaba la felicidad ni la amabilidad que describen en la comunidad, ese odio se dejaba ver entre beats, cervezas y malas miradas a los que se perreaban el traje. Muchos heterosexuales fueron a ver el show, trataban de divertirse, pero seguían descubriendo la misma trampa de un fraude.

Todo termina en PERRA, otros van a sus casas u otros antros. La noche debió ser fabulosa y sólo fue mamona y posona. Yo lleve mi traje de reportero que documenta la guerra contra en narco, un simple fantasma rondando entre queers.

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