El °8 Pasajero. El triunfo de Marco Antonio.

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Marco Antonio me pide dormir en su cama, vive por Tlahuac. A lo largo de su corta vida ha luchado por escapar de esa pobreza reflejada en su familia donde todos conviven aprisionados por el yeso y tabique de dos habitaciones, una sala-comedor y un bañito en una vecindad cualquiera por el Estado de México. Marco vende Tenis, un paso a la vez y mucho esmero hasta obtener un pequeño cuartito con quién compartir momentos de dicha y amargura. Parece emocionado, le frustra que su celular no funcione y no pueda marcarme; le entrego mi número en un pequeño pedazo de papel, me sigue insistiendo dormir bajo sus brazos morenos, mirada infantil y apetitos sexuales de meterme el pito de la manera más cordial y amigable (caballerosamente me pide acariciar mi trasero, lo hace con suma delicadeza y calor).

Le abrazo, le digo que vuelva a su casa, es tarde y debemos regresar a nuestros mundos para reponer fuerzas y seguir viviendo nuestros cotidianos, cuando me despido, descubro que Marco llevaba toda la noche ligando, luchando contra su propia soledad. Esta luna parece triste por no dormir con un chico como yo, pero se siente orgulloso, derroto la soledad en el último lugar donde los hombres prometieron amar.

La soledad es una emoción universal que es tan latente y visible aunque no podamos decirla. Con el paso de los años luchamos contra esta palabra y descubrimos que hay momentos donde ella triunfa sin darnos cuenta. No me gusta la soledad porque parece que las personas en el fondo la desean, es tan frustrante porque las personas desean la peor imagen de nosotros, la más perversa y oscura, tan es así que cuando mostramos nuestra luz se alejan, temen a nuestra pureza, a nuestros buenos sentimientos que dicen ser baratos, de baja calidad e ilusos. Pueden serlo, pero son humanos y no por ello valen más o menos.

Marco vuelve a casa, me manda mensajes, me dice “Amor” para decirse a sí mismo que derrotó la oscuridad.

El tiempo pasa y yo también deseo volver a la luz, mí luz en la cual sonrío sin miedo a caer del cielo ajeno.

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