Mastificación de los sentidos, el disparo vulgar del sexo duro

Advertencia: este texto no es apto para la igualdad y la moral, es la fragmentaria más profunda de lo perverso.

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Sin piedad y con crudeza. Un pene solo dispuesto a darle duro a un ano que espera arder en la melancolía del desgarre, de la explosión; penetrar como si no hubiera un tomorrow. Con la terrible crudeza de los ojos anti-putos, tan machines porque parecería vivir sin ser puto, pero su culo hambriento, traidor como la glotonería más mastificada que ni tanto pendejo teorizador pudiera explicar era el agujero que siempre debía ser llenado por miles de millones de vergas gruesas derramando semen como lluvia mecoza.

El ligue y el ligador se toparon en medio de los Multifamiliares de La Lagunilla, los pequeños cubos donde la putería se desata en con la tecnología del diablo, porque ese cabrón ha de ver inventado el dispositivo perfecto para que el Puñal se atragante de sexo, vomitar sexo de tanta publicación que vemos a diario, pura mierda gay. Su caminata era sencilla, su destino forever: los baños privados.

El chavo sin ojos de puto, con cuerpo alterado, lengua de lagartijo y unas nalgas que luchaban contra la gravedad serían el platillo del otro bato con bigote zapatista, ojos que dan pánico soñar y una verga que parecía tener voz, que decía “quiero meter, quiero meter” sonreía el pito al saber que tendría su hoyo glorioso, esa cavidad que no pueden poseer las mujeres; ni en sus mejores culos podrán igualar un orificio masculino, bien lo demostró Pasolini en 120 días de Sodoma donde los viejos enfermos hacen un concurso de culos y el ganador es un hombre, su premio, un balazo en la jeta. Los mejores besos son los secos, que hacen nacer la salida pálidamente, caricias frías que aumentan temperatura, dos machos panzones fajando como actores prono gringos; porque cuando dos sujetos que no poseen belleza ni fealdad se encuentran en el mundo de los pendejos aspirantes a la belleza y el fetiche pueden disfrutar un sexo más rico que un súper modelo porno.

Clavar los dedo en su máquina saca caca, en seco, con violencia, provocar un sangrado, hacerlo gritar, pedir misericordia, comenzar la violación; el uso, la sobreexplotación del cuerpo porque ahuevo que los putos jotitos les fascina y más a los intelectuales, sí, a aquellos que alimentan sus deseos con otros autores, que quieren cambiar al mundo pero su bestia es más grande, más grotesca, más perra que sus investigaciones; espíritus parafílicos, los nuevos criminales sexuales contemporáneos.

A pelo, que chinga su madre el VIH, al fin y al cabo, las escuelas nos enseñan que se puede vivir con SIDA, que se pueden amar a los sidosos sin prejuicios y al final son las mismas basuras que merecieron ser infectadas. Cada penetración es un asesinato a tanto elegebeteteteymierda, una metida, un asesinado brutal, sí, penetrarlo: cientos, miles de veces, una más fuerte que la otra, que los gritos se salgan del baño y provoquen lágrimas en los escuchadores, que sepan que un hombres está siendo destruido a punta de lanzas, muere pinche homosexualidad que tan pendeja los tienes y tan adicta a no sé qué chingados, solo los batos y los amantes que no le temen al México criminal pueden alcanzar placeres más altos que las religiones más hondas o las drogas más expansoras; Poppers para las jotitas frígidas, los hombres sabremos abrir los hoyos con violencia, con el puño hasta que le salga el chorrillo y las vísceras, como violar a tu hermano menor, masacrar a tu familia, engañar miles de veces a tu parejita pendeja, enseñarles que la crudeza está en el aclamado “cógeme”.

Y los que presumen asfixiar a los morros que tragan verga son los que no saben ser mamados, porque los verdaderos mamadores son los que te ponen el pito rojo, hinchado, con mucho dolor, casi con la fuerza de unas pinzas te lo arrancan y con su carita de bebé adicto al chile te la siguen chupando, invocando, extrayendo el semen de todas tus generaciones, matando miles de posibilidades, que rico es lo hardcore.

Meterle litros de leche en su caquita, dejarlo rosado pidiendo más, desangrarlo hasta el desmayo, tomarle una foto y robarle sus pertenencias, olvidarlo en su memoria y saber que uno fue el chingón al destruir a un ser humano sin pistolas o navajas, a punta de placeres, patada de racismo, danza de humillación a los putitos que solo saben abrir las piernas, pedir, pedir, pedir, pedir…

Y tras tantas horas de coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger y coger solo queda decir que el todos aquellos que escapan de lo heterosexual les espera la muerte, bienvenidos sean al reino de los mexicanos.

 

 

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