El teatro de las pesadillas en la fiesta BOMBA oriental (Primera censura).

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A la velocidad nocturna me dirijo al teatro Fru Fru donde la fiesta BOMBA ambientada ya está. En la entrada diversas drags, chicos gays, modernas y toda una serie de modas alternativas desfilaban bajo lo contemporáneo de este espacio destinado a lo macabro, mi primera advertencia, un cuadro de un demonio con enormes ojos esperando devorar mi alegría.

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Los conocidos aparecieron de formas amigables, otros, metidos en su papel mostraron prepotencia, la alta mamonería de “Ni el suelo merece mis tacones drag”. El primero de ellos fue (El nombre fue censurado por cuestiones de reclamo, la versión original de la crónica la puede consultar directamente con el autor). que apareció un con una especie de mananger (Otra censura que provocó los reclamos de personas que no asistieron a la fiesta, pero tienen el poder moral de cuestionar cuando realmente ellos no tienen nada que ver). El saludo fue más amargo que sus poemas existencialistas. La segunda mamonería fue Galo Santo (La diferencia entre las drags y los performers, es que a los performers les crees su prepotencia porque siempre andan locos, pero esta dominación de “solo encuero a guapos” es demasiado aburrida). Otra fila de drags, algunos gays dedicados a medios, empresas Godínez y uno que otro conocido sombrío.

El encargado de poner los boletos (un chico moreno de lentes y pelo artificial largo) desde el inicio actuó groseramente y negó la entrada, me puso en espera mientras todos entraban y salían, algunos de los esperados nos dedicamos a admirar el teatro. Mientras sus ojos de vigía estaban puestos en no entrar, se le cayó su chela y su motita protegiéndola de algún adicto desesperado, afortunadamente, nadie se arrojó al suelo a robársela. En el momento en el que llega Carmen Campuzano, el querido Moshe llega con mi acceso, la fiesta comienza.

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Perseguir, documentar, ver el glamour de Campuzano era divertidísimo, subiendo a la parte trasera del teatro en una habitación solitaria en un sillón viejo se encontraba Lyn May esperando a su rival, su saludo fue emotivo y más con el agarrón de sostén.

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Toda la cantidad de drags y modelos estaban bebiendo y platicando, algunos esperando su turno de salir al escenario, debía moverme con mucho sigilo para documentar su detrás del show. Mientras los chicos que bailaban al éxtasis de chelas, ácidos y uno que otro con la nariz sangrada de tanto kalar, la moda cada vez estaba más cool; cabe admitir que la ropa luce con más atractivo, los vestuarios reflejaban el alma de muchos drags, figuras poéticas, otros, verdaderos demonios o prostitutas trágicas orientales.

Un enorme espejo, el espacio para maquillarse se iba llenando poco a poco de cascos vacíos de Bohemia, la mamonería de algunos drags bajaban con el ánimo del alcohol se atrevían a contarte cosas, miedos, inquietudes, bellezas, hasta recuperé el diálogo con Censura. Pero además de ellas, otras drags poderosas, con más fama hablaban con mucha alegría y un abrazo era lo primero que llegaba a mí, incluidas las fotos. Jujubee fue una de las grandes personalidades junto con su esposo que provocaba miradas indebidas, pero verlos en acción, además de otros personajes adorados sin duda le han abierto un paso a la moda y la cultura mexicana.

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La música estaba perfecta desde las tragipoperas, hasta el electro más denso invadiendo los flujos arteriales, mingitorios con faldas, miradas perdidas, glamour, brillo maquillaje a montones, la excitación a flor de piel cuando un chico me encerró en el baño y pidió chuparle el culo (yo creo que era lamérselo, pero solo una foto le robé). El emputamiento de AlphaLady al decirle que su performance en la carrera drag fue mejor que el de Rhoma Ponce. Muchas historias de varia banda decolonial del MUAC, de los estudios de género, sus escapes para “fumar” tabaco verde y sumado a esto la embriaguez de toparme al Xoloitzcuintle y que de su boca saliera el “No empieces” no provocarlo, darle lastima, dejarlo beber, ensordecerse hasta que su piel se autodestruya como muchos otros en esa noche dañándose con la velocidad del baile, los objetos disponibles, las drogas carentes y la terrible enemistad que debe ser oculta, porque muchos que fueron amantes ahora solo son otro más en la pista de baile y con esa sensación vomitiva donde el que no está a la moda está excluido. Trató de escapar del teatro de las pesadillas que me robó un fragmento de mis pasiones, el desamor de los masoquistas y los ladridos demoniacos del travestismo contemporáneo.

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