Inestabilidad

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Lo mire a través de sus lentes. Sus ojos me agradaban, eran sanos en cierta medida. La tarde era triste, antes de conocerlo estaba huyendo de una cita la cual me molesto, me hizo decirme a mí mismo por un instante, un enorme instante de vida quebrando tiempo y espacio, albergando una nueva dimensión la frase “Ya no quiero amar hombres, no los necesito”.

Pero cuando te vi, me sentí intimidado. Desde el saludo, el beso robado que me diste, el abrazo y tu sudor me turbaron, me imposibilitaron tan fuerte. A minutos después de mi ruptura con el otro chico y desencanto del amor, me di cuenta de un par de tragedias:

La primera es que realmente puedo vivir sin el amor de un hombre.

La segunda es que me atraje terriblemente a tu persona.

La tercera es que el precio a pagar por mi identidad sexual, sería el desprecio de muchos hombres, entre ellos, tú.

Honestamente me gustaste, estamos en plan de conocernos, salir, descubrir que cosas tenemos en común, llegar a apreciarnos a querernos, a amarnos…

Dijiste que estabas en contra de las personas afeminadas, yo no sé qué tan afeminado sea, pero soy libre de poder pensar sentir y explayarme como un hombre o una mujer. Jamás me he sentido hombre o mujer, siempre he creído que soy híbrido, que el sexo solo moldea a quien se rige por sus normas; quiero creer que soy femenino y masculino, y una combinación de los dos con nuevos rasgos o caracteres de pensamientos, acción, dualidad y erotismo. Pero tengo miedo, me aterra no ser apto para amar a ese hombre y más sabiendo que no puedo separarlo de mi pensamiento.

Me aterra mi propia identidad la cual debe ser suprimida por ganar el afecto, que muchos hombres se rigen por un amor “privado” que parece un peso. Y si no existieran esos prejuicios tal vez a lo mejor seguirá con alguna de mis exparejas de closet.

Pero el motivo de mis ideas es poder conocerte, poder quererte sin miedo y sin prejuicio; que tú tengas el valor de quebrar tus barreras y no tener miedo, incluso de besarme en público. Espero que seas el chico ideal, con prejuicios o sin ellos, si no lo eres, sabré superar el trago amargo y recordando la escena donde la chica Orihime teniendo la oportunidad de robarle un beso al hombre que amaba, se niega llorando, diciendo que no es lo correcto “Lo correcto es que tú lo decidas”.

Dedicado al chico reservado y que no se siente gay, el cual me conoció en el último vagón del metro.

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