La homosexualidad nos ha traicionado

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Parte de esta serie de fotos, la puedes encontrar en la revista Infinity Magazne (https://www.facebook.com/InfinityMgz?ref=ts&fref=ts)

A lo largo de mi vida he escuchado diversos discursos sobre la homosexualidad. Todas las historias recopiladas por un bloque de personas, ayudan a entender la situación presente de ser gay en México y una de las primeras respuestas, es que la homosexualidad nos ha traicionado de diversas maneras hasta el grado de maldecirla.

En mis encuentros de ligue, conversación con extraños gay digitales, de carne y hueso (he tenido la fortuna de conocer personas en el mundo externo como parte de mi ritmo de vida cotidiana), aplicaciones, amigos, compañeros; gente que interactúa en antros, bares, eventos de la comunidad lésbico-gay. Exparejas, personas que me critican, heterosexuales, familia y gente que se animan a hablar del tema.

Me gustaría mencionar algunos casos como reflexión personal entorno a nuestra vida, ya que cada vez es mayor la información que habla del homosexual y nos hace construir una identidad la cual a veces ni siquiera es nuestra.

Alberto, un hombre que a sus 45 años no supera la represión de ser homosexual. Su vida giró en torno a la clandestinidad. Sus padres murieron sin saber de su homosexualidad y sus hermanos, hasta la fecha, no tienen certeza alguna de sus preferencias hacia otros hombres. Los antros que frecuentaba eran vulnerables a operativos policiacos y eran tratados como criminales o narcotraficantes. Cada vez que Alberto escuchaba una noticia de crimen, de chisme, de mal prestigio hacia un homosexual su miedo crecía de manera poderosa, hasta la fecha muchas de sus relaciones afectivas no llegan al grado de ser mencionadas o recordadas por su poca duración. Alberto está en contra de usar últimos vagones, aplicaciones de celular, zonas de ligues express o que tengan un involucramiento con lo sexual; no se considera mocho, pero su miedo es lo que le impide a tomar decisiones de esta índole. Una de sus frases más importantes fue “Las juventudes de hoy, o en su mayoría, nacieron sin la conciencia de que ser homosexual era mérito de un castigo, es importante que tengan conciencia de ello, tal vez a lo mejor sería más valioso su estilo de vida gay si fueran conscientes de que en un pasado hubo una lucha por darnos identidad”. La radicalidad de Alberto ha llegado al extremo de terminar con una de sus parejas porque esta, le tomo la mano en público.

Chuy es un heterosexual que radica en el distrito, su estado de origen es Guanajuato, Chuy es músico. Cuando Chuy ingreso a la universidad conoció a un grupo de amigos los cuales comenzaron a enseñarles el ritmo de vida que se tiene en la ciudad, los mejores deleites son las pedas semanales dentro de la sala de computo de su escuela. Chuy menciona que no le tiene miedo a la homosexualidad a pesar de vivir en un ambiente machista, de ser machista. En un par de borracheras se hablaron de temas de género. Él tenía miedo de ponerse ebrio con un homosexual porque siempre trataban de aprovecharse de su amabilidad, lo toqueteaban sin su permiso, lo criticaban por ser machista y homosexual de closet, pero eso no le importaba, Chuy estaba seguro de su sexualidad. “¿Sabes qué no me gusta del homosexual? Es que siempre tiene odio o rencor, no sé si sea distinto en provincia a la ciudad, pero siempre sacan traumas de que no son aceptados, que su pareja lo dejo, que en su casa no lo quieren por gay, muchas cosas que hacen verlo vulnerable y no me importa su sexualidad, lo que me preocupa es que siempre cargan un dolor que no les permite avanzar”.

Eduardo es un joven de 22 años que trabaja en el mercado de la lagunilla. Su vida está ligada al apoyo de su madre soltera  quien espera lo mejor de su único hijo. Eduardo confiesa que ya no cree en el amor. Su vida como homosexual ha sido triste porque cayó en depresión por no aceptarse. Desde los 15 años tuvo una relación con un chico de closet que trabaja en las motos (en tepito hay locales donde te rentan una moto por 50 pesos los 30 minutos). Este joven solo utilizaba a Eduardo para satisfacer sus placeres sexuales. Eduardo intento tener una relación con pocas probabilidades, incluso en su desesperación permitió ser parte en prácticas sexuales como tríos, orgias clandestinas, sexo violento. Su relación duro 3 años, en su depresión uso drogas, pero no eran suficientes para olvidar su identidad. A sus 20 años se confesó con el miedo de que su madre lo corriera, ella lo acepto. En sus últimos dos años Eduardo se ha dedicado a conocer personas, intentar formar una relación seria, pero su reflexión llega al punto donde el amor no existe “Es difícil saber que la sociedad homosexual te prepara desde joven para saber que estarás solo cuando crezcas y llegues a una edad muy adulta, para saber que solo eres una etiqueta constante en sexo, en gustos, en estilo de vida. Que las personas muy letreadas o ignorantes tienen grados de estupidez, sí por ejemplo; chicos del barrio solo buscan sexo, otros, los intelectuales, me pidieron ser solo un novio de pose, sin sexo, ni abrazos, ni cariño, solo decir que era su pareja y ya, que pendejos”.

El Mal amores es un chico que ha recibido este apodo por su historia de vida. Desde que nació fue un niño muy amado, sus padres y sus hermanos lo querían mucho. Desde pequeño acepto su homosexualidad y su familia lo apoyo. Cuando fue en la secundaria fue víctima de bullying por ser gordo y querer con un chico que lo ofendía, el trauma fue tan duro que decidió someterse a una dieta rígida para bajar hasta el grado de sufrir anorexia. En la preparatoria se enamoró de un chico fresa. Con mucho esfuerzo logro un par de citas, pero este joven lo critico por ser naco y sin estilo para la moda, el Mal amores comenzó a ser víctima de la imagen. En su universidad conoció a un maestro el cual se aprovechaba de su ingenuidad y sufría humillación por ser ignorante e inculto, su imagen de chico atractivo y a la moda era el único motivo por el cual medio mantenía la relación. El Mal amores en su depresión se dedicó a estudiar y nutrirse de cultura. Cada pareja que conocía tenía un contra del Mal amores “Si no era de closet no era apto, me hice de closet por un chico. Otro chico me pedía que fuera varonil, me deje crecer la barba y cambie de moda a una más reservada, más sobria pues. Otro me pidió ir con él a una iglesia, yo odiando la iglesia, me ves como pendejo rezando, siempre le he dado gusto a los hombres y ya no quiero darles gusto, ni siquiera tengo una identidad propia, gustos propios”. El Mal amores es un hombre  demasiado atractivo, culto, inteligente, sensible, se cuida rígidamente; ha tomado muchos hábitos que sus expareja lo criticaban, pero ahora busca algo que sea suyo, que le pertenezca y no sea de otros, no se refiere a un hombre.

La homosexualidad parece convertirse en un agente externo, que critica y es racista, violento y sin sentido. No es  la vida o las opiniones, es una reflexión sobre  nuestros deseos si son realmente bien encaminados, caprichos o sometimientos por buscar algo. Esta realidad es incomodad, no permite dialogo y se hace muy individualista, egoísta. Estas historias me hacen recordar que siempre existe una idea de que es el amor y la homosexualidad, pero la que tenemos esta distorsionada por el otro.

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